La marca personal no es solo una estrategia de marketing, sino algo propio del ser humano. Se forma a lo largo de nuestra vida y cumple dos funciones: es un resultado porque refleja la huella que dejamos en los demás con nuestras actitudes, comportamientos y logros; y es un recurso, ya que esa huella positiva nos abre puertas y hace que personas u organizaciones nos vean como opción para aportar valor o soluciones. Por eso, no podemos dejar nuestra marca al azar, sino gestionarla de manera estratégica a través del personal branding, y además, aprender a darla a conocer mediante el marketing personal. De esta forma, logramos que los demás sepan qué ofrecemos, cómo podemos mejorar sus vidas y, al mismo tiempo, garantizar nuestra propia calidad de vida.